Litio: Chile, Bolivia y Argentina concentran la mitad de reservas del metal

Litio Chile Bolivia y Argentina concentran la mitad de reservas del metal

Desde que apareció la fiebre del litio por la rápida expansión del mercado de las baterías para autos eléctricos, América del Sur vio una gran oportunidad.

Y es que en “el triángulo del litio” (Argentina, Bolivia y Chile) están las mayores reservas mundiales de litio.

Los tres países se lanzaron de golpe hace más de una década a buscar la forma de explotar esas reservas pero rompiendo con la “maldición de los recursos naturales” que tradicionalmente ha perseguido a los países exportadores de materias primas.

Pero el viaje desde la extracción del litio hasta llegar a la fabricación de una batería para autos, es largo y pedregoso.

En el medio, hay muchas paradas que permiten agregarle valor a un producto natural conocido como el “oro blanco”, cuya demanda aumenta frenéticamente en la medida que los autos eléctricos se empiezan a popularizar en cada vez más países.

Estos son algunos de los desafíos que enfrentan los países sudamericanos para entrar en la disputada carrera por fabricar baterías.

1. Alta especialización

Los países que forman parte del triángulo del litio concentran más de la mitad de las reservas mundiales del metal, según las estimaciones más conservadoras.

Y Chile es el país con los mayores depósitos del planeta.

Sin embargo, la fabricación de baterías requiere de un alto nivel de especialización tecnológica, que no se puede crear de la noche a la mañana.

“No basta con tener litio. Eso no es garantía de nada”, le dice a BBC Mundo Jose Lazuen, analista de vehículos eléctricos y baterías de Roskill, consultora especializada en el sector de los metales, minerales, industrias químicas y los mercados asociados a esos productos.

“Hay una cadena de producción muy larga, donde el litio es apenas una parte”, advierte.

Si el punto de partida es la extracción del metal, el paso siguiente es su procesamiento para obtener químicos como carbonato o hidróxido de litio.

En esta fase están los productores sudamericanos, trabajando en plantas con capitales extranjeros, que procesan el metal después de extraerlo.

De ahí en adelante la cadena de producción se pone cuesta arriba. La siguiente meta es producir cátodos, luego celdas y al final del camino, baterías.

Es por eso, explica Lazuen, los países que fabrican baterías han impulsado una industria química y de ensamblaje que requiere un avanzado desarrollo tecnológico.

Y aunque el mercado mundial también necesita baterías para celulares, computadores o consumo local (como el almacenamiento de energía para la red eléctrica), el “gran negocio” que está creciendo frenéticamente es la fabricación de baterías de autos.

De hecho, las proyecciones de Roskill apuntan a que el 90% de las baterías en la próxima década serán destinadas a la industria automotriz.

Esa batalla industrial por las baterías está dominada por China, que concentra el 70% de la producción y una parte aún mayor del mercado, si se considera que detrás de fabricantes estadounidenses y europeos, en realidad, hay capitales chinos.

2. El factor geográfico

“El viento en contra sopla más fuerte que el viento en la espalda”, dice Sam Jaffe, director general de Cairn Energy Research Advisors, consultora estadounidense especializada en almacenamiento energético, en conversación con BBC Mundo.

“La idea de que los países sudamericanos serán exportadores de baterías para autos eléctricos no tiene mucho sentido”.

Como están lejos de los grandes centros de fabricación de autos, el costo del transporte de baterías es muy alto.

Por eso, “que tengan litio no les da una ventaja logística”, explica. “Probablemente su mejor opción se exportar la materia prima”.

 

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