A propósito de los ‘conflictos mineros’, Inversiones mineras: cómo dar el siguiente paso

enfoqueminero

Por: Fernando Huapaya

Consultor en Comunicación y Relaciones Comunitarias

A estas alturas del siglo XXI ya debemos habernos dado cuenta de que los aspectos sociales de un proyecto determinan no su éxito necesariamente pero sí su avance y cumplimiento de cronogramas. Este tema era materia de escepticismo por parte de inversionistas y de ejecutivos que en su momento mostraban resultados exitosos en sus Directorios, pero que fueron insostenibles en el tiempo porque sucedieron en un ámbito en el cual la política de “hay que sacarlo adelante como sea” era la consigna.

Hoy eso cambió. En el camino quedaron muchas prácticas aplicadas desde el proyecto de Monterrico Metals en Tambogrande, en Piura (con campaña de desaparición del cebiche incluida) hasta en Las Bambas en Cotabambas, Apurímac, que generó los hechos por todos conocidos. En todo este tiempo transcurrido, el aprendizaje ha sido progresivo y hoy tenemos empresas del sector extractivo que actúan según los parámetros modernos de protección ambiental y social. Pero aún no son todas.

En el último reporte de Defensoría del Pueblo, se han identificado 207 conflictos de los cuales el 70% corresponden a situaciones medioambientales. La propia institución ha declarado a 28 de ellos como prioritarios dado que pueden activarse en cualquier momento. Esto nos da una oportunidad para reflexionar y mirar hacia lo que será el 2017.

Un primer punto es darnos cuenta qué ocurrió. Y allí podemos intentar bosquejar algunas hipótesis y la principal, creo, es la escasa o nula participación del Estado en este proceso de relacionamiento entre empresa y comunidad. En la práctica, esta presencia se ha hecho visible a través de la Defensoría del Pueblo que -sin ser un ente decisor- se ha convertido en referente del diálogo. Pero la población siempre exige la presencia de alguien del Gobierno de turno. Lo digo porque lo he visto en 10 años de trabajo en estos temas. Y el Estado casi siempre ha brillado por su ausencia.

Lo que sucede aquí es simple: los interlocutores de las empresas no llegan a generar confianza con las comunidades ya que son ajenos a ellas por lo cual sus promesas requerirán siempre de un elemento que asegure su cumplimiento. Es allí donde el Estado tiene un rol fundamental para asegurar que los ofrecimientos sean correctamente dimensionados y se cumplan.

Esto hace necesaria la conformación de un equipo multidisciplinario que actúe en las zonas donde los proyectos se ejecuten y le tomen la temperatura al ambiente social de forma permanente apoyando a las empresas a identificar los puntos críticos y, a las comunidades, a orientar sus expectativas frente a la inversión privada.

Un segundo punto es saber qué podemos cambiar de inmediato. Esto implica conocer y comprender las dinámicas sociales que suceden tras un conflicto. Lo principal a entender es que, la mayoría de veces, lo que vemos no es el motivo sino la consecuencia de una serie de hechos sucedidos.

Cuando se identifican 270 conflictos, es necesario pensar qué fue lo que ocurrió para llegar a ese momento. Es allí donde vamos recién a empezar a entender la situación. Y cuando hablo de entender no sólo implica saber escuchar, saber trasladar ideas, saber convencer sino el asunto transita por la rotura de paradigmas personales. Justamente, en este punto, es donde podemos marcar la diferencia entre tener o no tener un conflicto.

Lo que ocurre es que son nuestros enfoques, percepciones sobre la realidad, las suposiciones sobre qué ocurre más allá de los límites de nuestras oficinas en Lima, los que muchas veces determinan nuestra forma de abordar cada tema difícil y que éste no termine en un conflicto con pérdidas graves.

No voy a ahondar en detalles, pero todos los que hemos apoyado -dentro o fuera de la empresa- la solución de un conflicto, hemos visto surgir situaciones que, mal manejadas, han culminado en crisis. Es simplemente encontrar el origen, actuar y no quedarse solo en el control de las consecuencias.

Saber cómo responder frente a un malentendido puede ser sencillo para nosotros, pero cuando nuestras señales no van en el mismo sentido de lo que decimos, la otra parte puede fácilmente interpretar algo diferente y empeorar la situación. Es un listado largo de temas que pueden ratificar lo que digo, pero que nos obliga a desarrollar una cualidad que no se aprende en un centro de estudios: la empatía.

Ponernos en el lugar del otro. Pensar qué haríamos si alguien viniese a decirnos que salgamos de nuestro lugar sin darnos un justiprecio. Ofrecer un servicio y no cumplir. Decir algo que luego vamos a cambiar. Estas y más situaciones pueden ser casos que fácilmente solucionamos entre nosotros, pero en otros contextos puede que no sea así. Y justamente de eso se aprovechan quienes quieren motivar un conflicto, porque ciertamente hay quienes ganan en estos pleitos. Lo hemos visto públicamente en el caso de Southern Perú. Y lo seguiremos viendo si es que no se cambia la forma cómo abordar las controversias.

Y tercero, necesitamos reenfocar nuestros objetivos incorporando una mirada previsora. Todos los conflictos se pueden prevenir. Lo que se requiere es desarrollar mecanismos para identificar el inicio de los mismos. Si bien no hay receta mágica, la experiencia a veces ayuda, pero lo cierto es que un conflicto no se parece al otro por lo que aplicar técnicas para actuar de forma previsora no necesariamente pueden ser efectivas en todos los casos.

En general, mantener la paz social no es solucionar el problema coyuntural -como muchas veces se ha hecho; es más que eso. Es tener una mirada permanente sobre la forma es que mantenemos el contacto con las comunidades. Es prestarle atención a aquello que muchas veces nosotros consideramos superficial e innecesario pero que termina siendo vital para establecer una relación armoniosa con las poblaciones.

Hace dos años conocí a un ingeniero parte del equipo de uno de los importantes proyectos extractivos que se quedaron en el camino. Le expliqué cómo veía lo sucedido. Le dije que intenté llegar a la persona que decide para ayudarlo a reorientar la estrategia pero que fue imposible pues su propio entorno lo impedía.

Le comenté que tenía la sospecha que, pese a los esfuerzos, no llegaron a identificar lo que la población quería. Él me dijo: “efectivamente, creímos que sabíamos; sin embargo, nunca llegamos a conocerlos”. El proyecto quedó suspendido indefinidamente.

 

PERÚ: CONFLICTOS SOCIOAMBIENTALES

(SEGÚN ACTIVIDAD – SETIEMBRE 2016)

(Número de casos)

ACTIVIDAD N° CASOS %
TOTAL 145 100.0
Minería 91 62.8
Hidrocarburos 25 17.2
Energía 13 9.0
Otros 6 4.1
Residuos y saneamiento 5 3.4
Agroindustrial 4 2.8
Forestales 1 0.7

Fuente: Defensoría del Pueblo, Reporte mensual de conflictos sociales N° 151


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